La lectura como puerta de oportunidades
26 de abril de 2026

La lectura como puerta de oportunidades

Cada 23 de abril, en el Día del Libro, celebramos algo que parece cotidiano, pero que es profundamente transformador: la capacidad de leer. Leer no es solo comprender palabras, es abrir mundos, imaginar futuros y, sobre todo, encontrarse en las historias de otros.

En El infinito en un junco, Irene Vallejo recuerda que los libros han acompañado a la humanidad, moldeando culturas, pensamientos y formas de ver el mundo. “Creo que los libros describen a las personas que los tienen entre las manos”, escribe. En ese contexto, resulta difícil aceptar que, en pleno siglo XXI, aún existan estudiantes con escaso o nulo acceso a ellos.

Las cifras en Chile son preocupantes. Según el Simce 2025, en 4° básico, un 27% de los estudiantes no alcanza el nivel adecuado en lectura; en 8° básico esta cifra aumenta a un 42,3% y en 2° medio llega al 48%. A esto se suma que más de 405 mil personas en el país se declaran analfabetas. Detrás de estos números no hay solo resultados académicos, sino oportunidades frustradas y futuros limitados desde temprano.

Esta realidad es aún más desafiante en sectores rurales, donde la distancia, la conectividad y la falta de recursos siguen siendo barreras concretas. Y, sin embargo, es precisamente en estos territorios donde la riqueza cultural, las tradiciones y las historias locales configuran identidades profundamente valiosas. Comunidades enteras crecen rodeadas de saberes que merecen ser contados, leídos y reconocidos.

Hablar de lectura en contextos rurales no es solo hablar de libros: es hablar de dignidad, identidad y pertenencia. No se trata únicamente de implementar planes de fomento lector, sino de garantizar un derecho fundamental: el acceso a experiencias de lectura que permitan imaginar, reflexionar, cuestionar y crear.

Cuando un niño o niña supera el rezago lector, no solo mejora una habilidad: se abre una puerta a nuevas palabras, ideas y formas de relacionarse con el mundo. Y cuando esa experiencia se sostiene en el tiempo, puede transformar trayectorias completas.

Además, fortalecer la lectura en estos contextos no solo impacta en el aprendizaje individual, sino también en el desarrollo de comunidades más informadas, participativas y con mayores herramientas para enfrentar sus propios desafíos.

En este Día del Libro, el desafío es claro: no podemos permitir que el acceso a la lectura dependa del lugar donde se nace. Acercar libros a las comunidades rurales no es solo una tarea educativa, es una apuesta por un país más justo.

Porque cuando un libro llega a manos de alguien, no solo cuenta una historia: también valida la propia. Y en ese gesto comienza a escribirse un futuro distinto.

María Jesús Ahumada Líder del proyecto Cuenca Lectora Fundación 99

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